¡Queremos sexo!

Más y más y más y más… y es que no lo podemos evitar. Queremos y necesitamos sexo. Dónde sea, con quién sea y cuándo sea.

Mi propóstio personal es subir un poco la temperatura del blog. Y me voy a obligar a escribir un artículo cada cierto tiempo hablando sobre una práctica sexual en concreto. Ya sea de las más ‘raras’ que existan, o de las más comunes.

Antes de empezar a introducirnos en este mundo tan sumamente amplio, quiero dejar una cosa clara:  ¿Qué consideramos sexo?

Personalmente considero ‘sexo’ todo aquello que nos pueda dar o ayudar a intentar conseguir el clímax. Puede ser unos besos en el cuello o en la boca (los preliminares), sexo oral o practicar el acto sexual. Todo aquello que como meta final sea disfrutar e intentar llegar al orgasmo. Por lo tanto también es sexo la zoofilia, la masturbación con cualquier elemento, el fetichismo, los tríos, orgías… Está en el mismo grupo, al mismo nivel. Y deberíamos de considerarlo así.

EL TABÚ DE LA SOCIEDAD

No entiendo cómo la gente evita las situaciones… ¿incómodas? cuando hay sexo de por medio. En alguna escena de la película, en alguna conversación, en alguna página web, en alguna revista… Lo evitamos (cuando estamos en grupo) porque no sabemos cómo reaccionar. Impedimos la liberación de nuestra naturaleza, de nuestro morbo interno, porque pensamos que la persona que está a nuestro lado le va a sorprender esa actitud. ¿Perdón? Quizás la persona que tienes al lado reprima de la misma forma sus instintos. Qué debilidad del ser humano… es capaz de someterse al pudor con tal de no mostrar sus necesidades básicas. Porque al fin y al cabo, somos animales. Comemos, bebemos, dormimos, nos reproducimos y obtenemos placer con ello. Pero parece que está mal visto.

Pero la situación cambia cuando el ser se encuentra solo en una habitación. Entonces buscamos el sexo. En las escenas de películas, en cualquier revista o página web. Nos gusta y lo encontramos. Alimentamos nuestro morbo con el propio tabú, porque sabemos que si nos pilla alguien la excusa será sumamente difícil y al mismo tiempo, sumamente estúpida. ¿Porque no reconocer la realidad?

Siento cierta pena por la sociedad. El erotismo está a la orden del día. Lo palpamos en todos los momentos abstractos o no. Nuestra mente procesa cada día y de vez en cuando se le escapa algún pensamiento sexual. Alguna fantasía que se entrevera con nuestra imaginación y nuestras hormonas. Y si alguien nos pregunta: ‘¿En qué piensas?’, no se lo vamos a contar.

Encerramos con llave la sexualidad, pero le abrimos la puerta a la tortura del mismo ser. Negamos el placer pero afirmamos el dolor. Es el caos de la inteligencia. Y aquí se corrobora la falta de la misma, cuando somos seres que nos podemos dar placer propio y no sólo no lo hacemos, sino que encima lo negamos rotundamente. Entiendo que sea algo personal, intimo, donde la propia persona se regala algo a si misma, pero… no le encuentro la lógica a negar lo evidente. Es obvio que buscamos un placer visual o auditivo, o simplemente mental, cuando estamos en esos momentos. El morbo y el marcar el inicio de la fantasía es lo que nos incentiva a buscar esos elementos. Me refiero al clásico porno o revistas, o relatos, o escenas que nos hacen sentir especialmente excitados. El resto, es competencia de cada persona. Es su cuerpo, su placer y puede actuar cómo quiera.

Lo mismo pasa cuando entra otra persona en juego. Es una vida íntima y privada, lo llego a entender, pero… ¿porque no podemos hablar de ello con naturalidad? ¿Sin tapujos ni prejuicios?

Y ya no comentemos cuando entra en juego más de una persona.

¿INCORRECTO O NATURAL?

¿Porque la homosexualidad ha costado tanto que se reconozca en la sociedad? O simplemente, que no se castigue por ello.

Se muestra el ser sin reparos, es tal y cómo es. No quiere ese tipo de sexo que está fijado en la sociedad.

Mujer con hombre, hombre con mujer. No hay más. Sí que es cierto que nuestro cuerpo está diseñado para una relación entre sexos opuestos, pero… ¿quién diseña nuestra alma? ¿nuestra mente o nuestro deseo? Nadie. Absolutamente nadie.

Nos aflige hablar a la sociedad sobre los determinados instintos sexuales que tenemos. Existe un miedo a ser rechazados. A la burla o al inframundo social.

Es una carga brutal. Y ni nos damos cuenta que el límite de lo ‘bien visto’ y lo ‘mal visto’ no lo ha dictado nadie.

Debemos seguir nuestros instintos. Dejar atrás la presión que ejerce la sociedad y si queremos hacer algo, es fácil: hagámoslo.

Hasta que punto es algo incorrecto o sólo natural es un interrogante. Depende de dos elementos: el animal y la sociedad. Es decir, cómo animales, las prácticas sexuales serían normales en el mundo social. Iríamos paseando por la calle y observaríamos a las personas mantener relaciones dónde quieran y cuándo les apetezca. Y no nos importaría. Quién dice que no participaríamos en ellas. Cómo nuestros antepasados hacían. Y sin pudor, sin timidez. Sencillamente naturalidad.

Pero cómo sociedad que somos exiten unas leyes fijas. El sexo no está bien visto. Es algo personal. E incluso nos marcan con quién lo debemos hacer, cuándo lo debemos hacer, dónde y cómo. Si hay alguien que se salta estos pasos…: o se centran todas las miradas curiosas y morbosas, o todas aquellas despectivas y discriminadoras.

¿Dónde queda el límite entonces?

ROMPIENDO CON LAS NORMAS

Afortunadamente existen personas que no se oprimen con estás pautas. Desean y actúan. Se exhiben, se muestran, disfrutan, gozan y sin pudor. Liberan su espíritu animal, sin ninguna cadena que le pese a su consciencia.

Por ese motivo encontramos clubes para intercambios de pareja, homosexuales, fetichistas… Pero eso sí, mira antes de entrar porque sino la gente te señala. Y con el dedo índice. Y sin límites.

Estas prácticas empiezan hacerse un hueco en el inframundo social. Empezamos a cortar las cuerdas que nos manipulan como marionetas y a desembocar nuestro recato lejos de nuestra ideología. Buscar el placer, antes que el dolor, y proporcionarnos un regalo increíblemente buscado:  la felicidad.

Sentirnos bien con nosotros mismos no significa seguir al rebaño de ovejas. Significa ser tal y como somos, no ocultar nuestro espíritu y sentir. Darse placer para dar placer, sencillamente.

Entiendo que en una pareja el sexo signifique un acto íntimo y personal. En este caso, no hablamos de sexo. Hablamos de hacer el amor. Aunque la relación es estrecha, la frontera está muy marcada. Cuando estás con una persona con la que tienes una clase de afectividad y sentimientos en común,el sexo ejerce su función camaleónica. Entonces sí que es un momento especial y fantástico. Es una muestra de cariño y de respeto, el intentar proporcionar el mayor placer a la otra persona y viceversa.

Pero cuando se traspasa la frontera, hablamos de sexo solamente. Creo que no puede haber amor sin sexo, pero sí sexo sin amor. Y en el momento en que dos personas definen sus debilidades eróticas y deciden poner en marcha la fantasía, el amor se queda en casa. Encerrado bajo llave, en la caja fuerte. Y se libera la naturalidad, el deseo. Queremos placer, es indudable.

¿SEXO? SÍ POR FAVOR

En este artículo, quiero dejar claras las normas que ejerce la sociedad y las que ejerce nuestro cuerpo. Nosotros mismos no tenemos pautas, sólo seguimos las que marca el grupo. Para no destacar. ¿Para no destacar? Es sumamente lamentable, el querer andar por las huellas que dejan los demás en el suelo. Seamos valientes y empecemos a marcar nuestros pasos independientes. Romperemos con los tabúes, con los escrúpulos y olvidaremos al pudor.

A partir de este momento, hablaré de prácticas sexuales con la mayor naturalidad posible. Y espero que lo captéis y asumáis de la misma forma. No debemos sorprendernos porque determinadas personas busquen placer de otra manera. Se den placer a si mismas e intenten proporcionárselo a todo aquél que deseen.

Seguid el índole animal y obtendréis más seguridad y felicidad, por no hablar de la autoestima que se disparará.

Es momento de quitarnos las cadenas que nos oprimen en la sociedad, estirar el cuerpo y salir a dar un paseo por el mundo erótico que nos espera ahí fuera. Si tropezamos no hay problema, volvemos a empezar.

¿Porqué en vez de definir nuestra ideología, tratamos de probar si nos gusta o no?

Shh! Silencio por favor:  ahora toca que hablen nuestras huellas.

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