Consumidos por el consumismo

Vivimos y convivimos en una red de mentiras. La sociedad ha creado una especie de conexiones abstractas e invisibles, pero perceptibles en todo nuestro alrededor. Estamos hablando del tan reciente y famoso medio llamado Internet o de aquella caja tonta que tenemos en mitad de nuestro comedor o de ese aparatito que llevamos siempre encima y no podemos vivir sin él, llamado móvil. Tenemos muchos medios de comunicación para poder contactar desde un punto más coloquial hasta el punto más remoto. Y quién sabe, gracias a ellos sentimos este sentimiento inevitable: el consumismo. Nuestro mundo no sabe vivir sin consumir. Día y noche, mañana y tarde, observamos los grandes carteles luminosos que nos incitan a gastar ese papel llamado dinero, o los constantes anuncios publicitarios tan repetitivos que se reflejan en televisión.

Pero, ¿en qué se basa el consumismo? ¿Somos las marionetas de sus garras o sabemos controlar este sentimiento?

Según Wikipedia, ‘el consumismo puede referirse a la acumulación, compra o consumo de bienes y servicios no esenciales, como al sistema político y económico que promueve la adquisición de la riqueza como signo de estatus y prestigio dentro de un grupo social’. Exacto. El consumismo se desencadena una vez que nuestras necesidades básicas están totalmente cubiertas. O también cuando nos importa demasiado nuestra posición social y la opinión ajena y sin mayor atribución.

Es pura lógica, que los países que más consuman sean aquellos que más nivel adquisitivo dispongan. Las zonas pioneras, a gran escala, son: Estados Unidos (país por excelencia número uno en consumo), China, Japón y algunos países de Europa como Francia, Italia, Luxemburgo, Reino Unido y Alemania. Lamentablemente, el consumo por parte de estas grandes potencias mundiales incentiva todavía más, la injusticia humana que sufren las miles y miles de personas que no llegan a cubrir las necesidades básicas y universales. Cuanto más se consuma por nuestra parte, más se agravian los problemas en el inframundo humano y más se contamina al medio ambiente, sin dejar de observar, los constantes y crecientes núcleos de pobreza en los países desarrollados, conocidos también como el Cuarto Mundo.

De todos modos el consumismo actual no ha sido siempre así. Vino de la mano del capitalismo y pegado a la aparición de la ‘mercadotecnia’ o publicidad. Desde ese momento, nuestra sociedad se ha puesto el conocido (pero pocas veces sabido) cartel de ‘Sociedad de Consumo’. Somos un grupo de seres que vivimos y convivimos bajo la presión del consumo masivo e innecesario de bienes y servicios, incentivados por la producción masiva de los mismos. Algo curioso es, que esta tipología social se basa en un cambio: ya no es el consumidor quien, por sí mismo, sabe qué necesita; ahora son las empresas, el producto, quien decide qué necesita el consumidor, es decir, toman las decisiones por nosotros. Definen, delimitan y promueven los requisitos para vivir y/o para estar en lo más alto del estatus social. ¿Somos esclavos de la economía? ¿Hasta qué punto somos libres para tomar decisiones?

El consumismo se basa en un pilar maestro: el incentivo. Somos animales con una mínima esencia de instinto y de razón. Por lo tanto, si a ese animal le atraes con algo llamado ‘X’ y aparte, le dibujas un atractivo a ese producto y la necesidad vital de tenerlo… ese animal, por su propio instinto, lo comprará. Tenga o no tenga poder adquisitivo para hacerlo, lo comprará. En este caso, como en muchos otros más, pesa más el instinto que la razón. E ahí la estupidez de la razonabilidad.

La publicidad conoce ese incentivo, sabe cómo adaptarlo, cómo tratarlo para que los miles y miles de animales instinto-razonables necesiten ese algo llamado X. Y lastimosamente, gracias a los nuevos medios de comunicación, principalmente Internet, la publicidad se ha adueñado de una gran parte de nuestras vidas. Si pudiésemos contar los anuncios publicitarios que se reflejan en cada rincón de la rutina, nos sorprenderíamos de la sumisión que padece esta sociedad.  Las tecnologías, las novedades avanzan rápidamente y el consumo anda cogido de la mano de las mismas. Un claro ejemplo es el universo iPhone. El primer iPhone se lanzó el 29 de Junio del 2007, con la única versión de 4GB. Se venden aprox. 270.000 unidades. 11 de Julio del 2008, Apple lanza el segundo modelo: el iPhone 3G. Éste segundo, fue la corrección de los errores ocurridos con el primer teléfono, y se vendieron aprox. 3 millones de unidades.

El 19 de Junio del 2009, Apple lanza el iPhone 3G última generación, con un procesamiento dos veces más rápido que el anterior, pero el diseño era exactamente igual que el pasado.

Finalmente el iPhone 4 fue lanzado en 2010, un teléfono con muchas más aplicaciones y arreglos que los anteriores, pero con problemas constantes. Y actualmente, en 2011, se rumorea de la aparición del iPhone 5, prevista para Septiembre, aunque todavía Apple no ha dicho nada al respecto. Por lo tanto, analizando las cifras, en menos de 4 años se han lanzado 4 iPhone diferentes y con la previsión de un posible quinto. Estas cifras son una clarísima muestra del consumismo mundial.  Apple ha lanzado un producto telefónico anual y los beneficios económicos han ido en aumento. Es algo muy simple: los seres humanos creemos que si no disponemos de esa clase de tecnología, no estamos a la altura de esta sociedad. E incluso, ha habido personas que se han comprado cada año un nuevo móvil iPhone. ¿Era necesario? No. ¿Era vital? No. ¿Era estatus? Sí, definitivamente. Su campaña publicitaria se ha basado en el incentivo de tener un producto prácticamente exclusivo (sobre todo por su precio).

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Éste vídeo os lo recomiendo. Muy interesante de ver y realmente impactante. Eso sí, con tiempo y disponibilidad para disfrutarlo (dura 21 minutos).

No nos podemos imaginar hasta qué punto nos manipulan. Somos los esclavos del mercado y nos hacen creer lo contrario. Pero hay que reflexionar, que la situación actual existe porque nosotros hemos puesto un granito de arena para colaborar en ello. Los caprichos materiales no nos hacen más felices o al menos, ese subidón de adrenalina que sentimos cuando por fin tenemos ese algo ‘X’ en nuestras manos es efímero. Al poco tiempo, nos olvidamos y nos centramos en otro algo ‘Y’ que nos gusta mucho más.

Y finalmente, mientras estamos en frente de las diferentes botellas de agua que existen en el supermercado, y nos centramos en si tiene más mineralización o menos, 4.500 niños mueren a diario por el consumo de agua no potable y 1.100 millones de personas no tienen acceso al agua…. ¿Qué irónico verdad?

Por favor, debemos predicar con el ejemplo de que somos animales dotados de razón y no corroborar la estupidez de la razonabilidad.

¿Estamos condenados al consumismo?


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