La vecina y mis orgasmos

No sabéis las ganas que tengo de escribir esta entrada para cagarme a gusto en mi vecina. Y sí, lo digo así, tal cual, sin educación ni remordimientos. Aprovecho la última experiencia que he tenido para hablar sobre los vecinos y el sexo. Seguramente tengáis el vecino incompetente que no tiene reloj – o no sabe interpretar las horas por su inmenso retraso mental a causa de las drogas – y pone la música a las dos de la madrugada. O como yo, tengáis a una vecina la mar de psicópata y de loca, cuya residencia estaría en algún manicomio lejos de la vida social. Ya sé que no os interesa el perfil de vecinos que tengo, o quizás sí, pero este post trata de algo mucho más importante: mi vecina me escucha follar. Y ahora ¿qué?

He vuelto a la maravillosa casa de mi abuela, donde vivimos mi tío de 35 años y yo. La convivencia es fantástica y estupenda, la verdad es que no me puedo quejar para nada, excepto por un pequeño detalle: mi vecina. Una mujer de unos cincuenta y largos, amargada y con un grave problema mental del cual no quiere darse cuenta. Una mujer que pone la radio por las noches o se pone a espiar a los vecinos por la madrugada; que cambia los muebles de lugar cada día y que convive con su hijo (que tiene los huevos negros) y un precioso cachorro de galgo al que maltrata todos los días. Una mujer que chilla a todo ser vivo o inmaterial que se le cruce por delante, que me tira a la uralita una mezcla de agua con lejía para “limpiarla” casi todos los días, por si vienen las ratas que ella cree haber visto (muy maja, por cierto, porque a pesar de haberle dicho que no lo haga, que me moja la ropa y asusta a mi perra, lo sigue haciendo). En fin, una mujer que entraría en el ideal de vecina ¿verdad? Silenciosa, respetuosa y con un equilibrio mental admirable. Hasta aquí la convivencia con ella se hace lo más llevadero posible, ya que, justamente vive en el piso de arriba.

orgasm-face-o

Estas Navidades, Alberto, mi pareja como ya conoceréis, ha venido unos cuantos días a mi casa, aprovechando que estábamos solos. Amigos, siento decepcionaros pero no somos las típicas personas que follamos día y noche sin parar. Follamos, claro que sí, pero no tanto como nos gustaría. Y en esos días, entre las fiestas, el trabajo, el estrés y el cansancio, apenas pudimos disfrutar de nuestros cuerpos. ¿Por qué os cuento esto? Muy bien. Parece ser que mi querida vecina nos escuchó un par noches de esas que chillas un poquito más en el orgasmo de ¿10 segundos?. Vamos, lo normal. Pues la muy amargada no ha tenido otra cosa que hacer que ir a mi abuela y decirle que me ha escuchado follar con mi pareja en varias ocasiones. Sí, la mujer podría haber metido su tremenda bocaza en ácido corrosivo y hubiese estado más guapa. Mi abuela es bastante liberal, pero es andaluza, y ya sabemos que en el sur los rumores pesan mucho y duelen demasiado. Imaginad cómo se quedó que lleva comentando el tema con mi madre durante ¡2 semanas! Y ya podéis imaginar la impotencia que siento de no poder asesinar y trocear a mi querida vecina y darle los trozos al pobre galgo que tiene harto de palizas.

É aquí cuando la equidad choca. Mi vecina puede chillar tanto como se le plazca y volverse loca a altas horas de la madrugada y yo, no puedo follar durante 20 minutos y tener un orgasmo.

Vecinos ¡nosotros también follamos!

No tengo la esperanza de que mi vecina folle mucho. Pero seguramente alguna vez habéis estado en una situación parecida a la mía. Quizás habéis sido vosotros los que escucháis a los vecinos follar como conejos y oye, os hacéis una pajilla rápida ya puestos. O quizás os han llamado la atención en más de una ocasión por gemir demasiado. En cualquier caso, entramos en un conflicto. ¿Qué pasa después? No gusta nada que os escuchen como exprimís los naranjos de vuestro novio o como hacéis zumo con el higo de vuestra novia. Así que bajáis un poco el tono por respeto. Lamentablemente hay que hacerlo, ya que vivimos en una sociedad que todavía tiene grandes problemas con el sexo. Y eso que follamos todos, o casi. Pero, ¿por qué tenemos que hacer una montaña de algo tan estúpido como esto? Es normal que una persona gima cuando le están comiendo el bizcocho, o al menos, aquellas que realmente sentimos el sexo de verdad y tenemos orgasmos reales. Es normal que la cama suene cuando estás cabalgando como una loca a tu pareja porque esta a punto de correrse. ¿Y esos minutos molestan tanto? ¿Tanto como para quejarse desconsoladamente? ¿Tanto como para hacer un rumor?

Imagen de Davidovsky

Imagen de Davidovsky

Qué pena que mi vecina no sepa a lo que me dedico. Estoy pensando en una bonita venganza, aunque para mí, si estuviera en mi casa, haría noche de squirt todos los días y se iba a enterar de lo que es chillar de verdad. Y cada vez que me corriese la nombraría bien alto, para que se pajease con la botella de whisky más fuerte y se le reventara en su amargada y aburrida vagina (sí, estoy nivel nazi extremo). Pero, lamentablemente vivo en casa de mi abuela y por respeto, no lo puedo hacer.

Seguidores, sed justos y mantened la equidad ante todo. En una comunidad de vecinos, nadie es más que nadie y todos estamos en el mismo listón. Si en el caso contrario, son vuestros vecinos que escucháis follar… Que sepáis que sois la envidia más grande del mundo, ¡tenéis audio-porno amateur todas las noches!

Dicho esto, ¿qué haríais en mi situación? ¿Algún consejo? ¿Alguna venganza? ¿Os ha pasado alguna vez?

A mi querida vecina que seguramente se haya metido los dedos cuando me escuchaba gemir, que se retorcerá de envidia por no poder estar en mi lugar y que está tan amargada que tiene que joder la vida sexual de los demás. Va por ti. 

-

Disfrutad.

  2 comments for “La vecina y mis orgasmos

  1. sam.
    21 enero, 2014 at 1:34

    Nuestros vecinos de arriba cuando nosotros lo hacemos se pican y se ponen ellos también a la faena… Es curioso escuchar como entre ruido y ruido de muelles se escuchan otros xD

    ¡por los vecinos y el sexo!

  2. Francesc
    5 febrero, 2014 at 18:11

    El otro día estaba follando apasionadamente con una buena follamiga mía que se acaba de cambiar de casa y no paraba de taparme la boca para que no nos oyera el tocapelotas de su vecino, mientras ella reprmía sus gemidos…Pues vaya cortada de rollo, a mi no me gusta que me repriman cuando follo! Suerte que parece que ha empezado otra vez a buscar piso!! Espero que lo encuentre rápido!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *