Odio follar

Lo noto, lo veo. A ti tampoco te gusta. Entonces, ¿por qué lo hacemos? “Odio follar”, me dicen tus ojos cuando me acerco y mi mirada te responde corroborando la verdad. Yo también lo odio.

Odio cuando me dices que me follarás por la mañana y cuando llega nunca ocurre. Odio cuando te digo que te follaré como si no hubiese mañana y ese momento nunca llega. Odio follar porque la palabra ya me invita a la velocidad, a la presión, a la tensión sin resolver. Odio follarte por la mañana porque no tengo energía para realizar esa labor. Odio follarte por la tarde porque no tenemos tiempo ni para respirar. Odio follarte por la noche porque estoy cansada y no tengo energía, ni ganas. Odio follarte a todas horas y no te follaría jamás.  Odio follarte mientras ves el fútbol, porque parece que te interese más el gol de los demás que el tuyo propio. Odio que te corras tan deprisa que no me dé tiempo a alcanzarte. Odio follarte con un escenario previamente preparado, acotado, insonorizado e iluminado. Odio follarte con música, porque no me deja escuchar tus latidos. Odio follarte con o sin luz, porque odio todo lo que conlleve follarte. Agazapados, temerosos, obligados. Odio follarte como una zorra o como una diosa, porque no soy ninguna etiqueta. Odio cuando me follas jadeando y empujas sin más intentando buscar algo llamado clímax. ¿Clímax? Lo odio, sin más.

Odio cuando empiezas a besarme la oreja y tus manos ya devoran mi entrepierna. Y odio cuando en tan poco tiempo tu miembro se pone contento, dispuesto a empezar. Odio que no me esperes, y que te vayas, y que me busques. Yo ya no estoy. Odio que en segundos intentes reactivar todos mis sentidos para que humedezcan eso que tanto te gusta. Pero ya no están. Odio tus manos que se vuelven bruscas cogiéndome, tocándome, buscándome. Y tu mirada fría que sólo encuentra una necesidad que odias igual que yo. Odio follar cuando me preguntas qué me gusta, sin ni siquiera atreverte a descubrirlo. Odio follar cuando me miras esperando el orgasmo, cansado, irritado, expectante. ¿Qué quieres encontrar? Odio ver cómo te pones esos tejanos desgastados, malolientes y te abrochas la bragueta cual guerrero triunfador. Odio tu mirada después de follarme porque sólo me dice lo ínfima que soy. Odio abrirte la puerta para que te vayas y me digas “ya quedaremos ¿no?”. Odio follarte con cita previa y con el tiempo exacto en el espacio justo.

Amarna&Onix 009

El corsé de Amarna Miller por Alopez Photo

A mí no me folles. Ni te atrevas a decírmelo. Sabes que lo odio. Dime que quieres sentir mi respiración junto con la tuya, notar cómo nos compenetramos de forma natural. Dime que necesitas sentir el tacto de mi piel en tu cama, el sabor de mi sudor en tus manos que recorren hasta el último rincón de mi cuerpo. Dime que lo único que quieres es mirarme, y mirarme hasta ver cómo nos consumimos en un instante. Juntos, ambos, los dos. Cógeme la mano con fuerza y dime que quieres besarme. Sin tiempo, ni espacio. Sólo bésame en el presente, sentir que formamos parte del momento, estar aquí, ahora. Dime que necesitas el olor de mi pelo para sobrevivir en el infinito. Lame mi cuello, mi espalda, mis senos. Lame todo de mí hasta quedarte sin sentidos. Recorre cada poro, cada suspiro, cada deseo que emana de mi piel pidiendo tu aliento. Haz que se me olvide quién soy, que deje la conciencia a un lado. Haz que me embriague de ti. Deja que recorra tu cuello, tu espalda, tu torso. Que recorra todo de ti hasta quedarme sin sentido. Deja que sienta cómo tu piel se eriza y cómo me deseas. Cómo me deseas. Absorto, desnudo, indefenso. Toco este cuerpo tan tuyo, tan mío. Miro esos ojos que me odian igual que me aman, que me invitan a no pensar  los pensamientos, a no sentir los sentimientos. ¿Dónde estamos? Qué más da. Disfruto de ese aroma que desprenden tus fluidos y que me invitan a saborearte, una vez más.  Sin prisa. Sin pausa. Sin follar. Deja que te sienta tan dentro mío que no quiera dejarte escapar. Deja que te retenga, y detengamos el momento. Jugando a manipular el presente, dispuestos a que este instante, tan tuyo, tan mío; no se consuma jamás. Dime que me amas y deja que observe, inútil, cómo nace esa sonrisa entre tus comisuras. Escuchar cómo nos reímos sin saber qué coño está pasando y de cómo a veces el destino nos pone a prueba. Ríete de la vida. Pero hazlo aquí dentro. Deja que los minutos nos consuman en esta habitación. Sentir cómo la vida nos proporciona unos instantes de placer, sin nada más. Sólo placer. Planteémos mil teorías sobre la física cuántica mientras sentimos una multiplicidad de estados, mientras notamos todos nuestros átomos. Y en ese instante, haz lo que quieras con nuestro cuerpo. Déjame mirar a la nada, jadeante, extenuada. Notar cómo apoyas tu cabeza en mi pecho y no sentimos nada. Pero lo vivimos todo.

Odio follarte. Lo noto, lo veo. A ti tampoco te gusta. Entonces, ¿por qué lo hacemos?

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Disfrutad.

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