¿Qué tiene París?

¿Cuántas disculpas os debo ya? Los retrasos en los post se hacen visibles mes tras mes, pero es que, la verdad, estoy desmotivada. Supongo que es una época que pasamos todos los escritores/periodistas/bloggers que nos dedicamos a esto. Es por ello que apenas escribo y, si lo hago, es por trabajo. Llegará el día en que retome esa magia que tenía al principio, pero mientras, voy a ir escribiendo cuando me apetezca realmente. Porque antes de redactar un artículo un tanto mierda, prefiero esperarme y que nazca la inspiración. Como siempre he hecho. Este es, por lo tanto, un post lleno de ilusión, como los de antes.

Quiero que viajes conmigo, querido lector. Déjate llevar. Vamos a crear un escenario ficticio que será la excusa para confirmar una teoría un tanto excéntrica. Pongámonos en situación: tú y yo, la misma persona, rodeados de tres mujeres tomando café. Estamos en una cafetería céntrica de cualquier ciudad mediocre que imagines. Si eres un lector masculino, seremos la reencarnación de un ser imaginario femenino a quien le llamaremos Marta. Si eres una mujer, no tienes que cambiarte de género sólo de nombre. Si te llamas Marta, lo tienes todo.

Somos Marta. Una chica sencilla que está tomando un delicioso café con sus amigas. Aquellas personas a las que mataríamos por sus estúpidos comentarios, las mismas por las que nos esforzamos en ser mejores socialmente.

- Tengo el mejor novio del mundo – dice Sonia, una odiosa morena que odiamos mucho, muchísimo.

- ¡Siempre dices lo mismo! – dice Claudia, una odiosa rubia que odiamos bastante – ¿Qué ha hecho esta vez?

Sonia se retira esa melena tan asquerosamente brillante de sus extremadamente deliciosos pechotes que rebosan por la camiseta de lycra. Se incorpora a la mesa. Sonríe. Nos mira. Nosotros, como Marta que somos, nos quedamos mirándola con una ceja ligeramente levantada y con una cara sutilmente repulsiva. Ella nos desafía. Sabe que nos va a putear con cada palabra que diga. Siempre gana.

- Veréis, resulta que Marcos ha comprado dos billetes para ir a una ciudad muy especial… ¿Adivináis cuál?

- ¡PARÍS! – dicen todas. Todas menos nosotros.

- ¡Sííí! La ciudad del amor. La mejor ciudad del mundo. Nos iremos estas vacaciones a un hotel increíble y cenaremos cada noche en la Torre Eiffel. ¿No es maravilloso?

Las miradas de envidia empezaban a pesar en el ambiente. Sonia sonreía. Nos había ganado, seguramente. Porque ¿dónde nos vamos nosotros como Marta estas vacaciones?

- ¿Y qué haréis vosotras este verano? – dijo Sonia, mirándonos.

- Yo me voy a Roma con mi prima. Queremos recorrernos toda Italia a ver si pescamos algún tío.

- Jaime y yo nos vamos a Grecia. Llevamos ahorrando varios meses y nos daremos este capricho.

- Pues… – decimos – yo me voy a Valverde del Majano, un pueblo de Segovia.

El silencio se sentó en la mesa. Nos miraba. “Cómo la has cagado, guapura”, diría si pudiese hablar.

Por Riccardo Tinelli

Por Riccardo Tinelli

¿Qué coño tiene París? ¿Qué diferencia hay respecto a Valverde del Majano? París es asfixiante, agobiante, repugnantemente romántico, sobrevalorado. Valverde del Majano tiene cuatro casas en mitad de la nada. Bueno, de la “nada” rural. Hay vacas, cerdos, fiestas y abuelas tomando el fresco en la puerta de su casa con una silla de madera centenar. ¿Qué pasa con París? Sus croissants de mantequilla que son el laxante perfecto, sus “Oh Là Là!” por todas partes, su música resonando en cada esquina, su intenso tráfico y su concurrido metro, sus bohémien/hipsters vomitivos, su enorme pararrayos famoso. Nada que envidiar a Valverde del Majano, con su gente chillando por la calle, la carnicera del pueblo cortando el cuello de un conejo recién cazado, los cotilleos terroristas, la iglesia y su Santa Divinidad, el calor asfixiante del verano, los chorizos y las morcillas a la brasa, el vino tinto, las borracheras con los primos. ¿Qué tiene la omelette que no tenga la tortilla? ¿Qué tiene la crêpe que no tenga el potaje de la abuela? ¡¿Qué cojones tiene París?!

Verás, lector que comparte conmigo el cuerpo imaginario de Marta, París lo tiene todo. Y ahora, me remonto a mi postura de enferma visionaria del sexo en todas partes: el sexo es como París. Lo tiene todo. ¿Qué coño tiene el sexo que no tenga el chocolate? Bueno, vale. El chocolate es mal ejemplo. ¿Qué coño tiene el sexo que no tenga dormir? Dormir es relajante, placentero, fantasioso, necesario. El sexo, también. Dormir es soñar, desconectar, experimentar con la mente. El sexo, también. ¿Dónde está la diferencia si son tan iguales? ¿Qué diferencia hay entre París y cualquier ciudad?

Es obvio: la esencia.

Sexo, con tan solo pensarlo se nos humedece la mente y la entrepierna. Nos morimos por tener sexo, excepto aquellos mortales sobrehumanos que se privan de tenerlo por sus “creencias superiores”. Gilipolleces. Somos animales y el sexo nos impulsa. El sexo mueve el mundo. ¿Qué tiene el sexo? Lo tiene todo. Fabricamos sillas para follar en ellas y descansar una vez hayamos fornicado. Nos ponemos perfume para oler bien y atraer al género que nos interesa. Inventamos internet para ver porno y estar en contacto con otras personas que podríamos follar. Todo el mundo se mueve por sexo. La economía, la política, la cultura, la sociedad. TODO. Y aunque me llaméis enfermiza psicotrópica, es cierto (lo del sexo).

París, la ciudad del mundo más romántica y especial por excelencia. No sabemos por qué, pero nos apasiona. ¿Quién ha dicho que sea la ciudad del Amor? ¡Qué más da! Lo es y punto. Su esencia se respira en cada barrio, por muy chungo que sea. Y cuando ves ese montón de chatarra llamada Torre Eiffel, te mojas hasta los tobillos. Porque es la mejor maravilla que has visto en tu vida. Porque, no sabes por qué, pero te enamoras.

Pero ¿sabes qué? No hace falta ir a París para sentir su esencia. La esencia puede llevarse dentro. Es una actitud, una forma de vida. Talavera de la Reina puede ser París si quieres. Barcelona, también. Y ese pueblo de Segovia, igual.

El sexo es una actitud y podemos llevar su esencia donde queramos. Es una filosofía, una ventaja de la vida. Una de las pocas cosas que te hacen sentir vivo. El sexo, como París, lo tiene todo. Es tan simple como respirar y sentir. ¿Sientes París?, ¿sientes tu mano recorriendo la entrepierna? Dónde estés lo llevas tan dentro como la vida. Y sin embargo, algo tan básico, nos sigue alarmando a la sociedad. Sigue creando reacciones de todo tipo, como París.

Por Jeffrey David Cohn

Por Jeffrey David Cohn

Clavamos los ojos a Sonia. Ya no se ríe.

- No me das envidia. Puedo traer París a todas partes. Incluso aquí. – le decimos.

- ¿Ah sí? Eso quiero verlo.

Nos levantamos de la mesa y estiramos de su melena morena. Sus tetas están firmes. Lentamente besamos cada rincón de su cuello hasta llegar a su Catedral de Notre Dame, húmeda y sedienta. Notamos sus gárgolas, guardianas de la más suave lengua, y llegamos hasta su rosetón interior. La besamos mientras nuestras manos acarician su coño inundado por el Sena. Le subimos la falda y le apartamos las braguitas. Para ese entonces, Claudia y Anna, se empiezan a tocar por debajo de la mesa. Se acercan a nosotras y nos empiezan a tocar cada rincón de nuestro sexo. Nos agachamos y sentimos el olor fuerte de esa rajita lubricada. Lamemos delicadamente el Arco del Triunfo. Suspira. Un poco más. Se agita. Hasta que nos decidimos a introducir nuestra lengua por el agujero mojado y viscoso de esa morena que jadea sin parar. Sentimos unas manos que recorren nuestros campos Elíseos. Un placer terrible sube hasta la cabeza. Y no podemos parar de movernos hacia adelante y hacia atrás. Sólo hay tetas, coños y París. Un París inundado en nuestra boca. Notamos su torre Eiffel cada vez más estructurada y rígida. Olemos el aroma que se mezcla por las concurridas calles de la ciudad francesa. Y lo saboreamos. Profundamente. Los gemidos de Sonia retumban en nosotros como si fuese la Ópera Garnier. Palpamos su enorme Sagrado Corazón oculto tras esa camiseta de lycra. Nos introducimos en sus catacumbas hasta llegar a sus temibles profundidades. Y ahí está su esencia.

¿Qué tiene París? Deja que te lo enseñe.

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Disfrutad.

  2 comments for “¿Qué tiene París?

  1. Bluess
    18 junio, 2014 at 16:14

    Algunos seguimos atentos para leerte cada vez que te animes.
    Un beso y París para todos.

  2. victor Medina
    28 noviembre, 2014 at 7:09

    Viva Paris !!

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