Vendo consciencia a 100€/gramo

ESCENIFICACIÓN

Vamos, nos asomaremos un poco más. ¿Has visto qué hay al fondo?. Miremos más, a ver si podemos divisar algo. ¿Puedes acercarme esa piedra? ¿Sí?. Dámela. Vamos a tirarla a ver lo profundo que es. ¡Calla, calla! Escuchemos pues….

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¿Ha caído ya? ¿Lo has sentido? Quizás todavía siga cayendo. Es imposible ver lo profundo que puede llegar a ser. Está todo oscuro. No veo nada. ¿Me ayudas? Me voy a asomar un poco más. ¡Ay! ¡¡Pero no me sueltes joder!! Cógeme bien fuerte, que esto resbala y me puedo caer. Fuerte. Más fuerte. Así. Vamos allá… ¡¡AHHH!!! ¡¡¡SOCORRO!!!…..

Se entremezcla con el silencio la melodía de la desesperación. Qué dulce tentación resulta la curiosidad. Qué preciosa se ve la oscuridad cuando enreda en sí misma un desierto invisible. Qué fino se ve el peligro de perfil. Y qué ancho resulta cuando lo vemos de frente… Pero qué más da.

Qué perfilable se vuelve la vida cuando lo vemos desde una amplia perspectiva.

Qué sumamente imbéciles podemos llegar a ser.

BAILANDO EN EL FILO DEL CUCHILLO

Como ya he reiterado en varias ocasiones, el ser humano a veces es muy, pero que muy estúpido. Uno de los motivos que corrobora la falta de inteligencia, es la ‘necesidad’ de hacerse daño a sí mismo, de ponerse en contra de la totalidad de su persona, para sufrir. Para qué nos vamos a engañar. Deberíamos llevar una especia de chip microscópico inyectado  en nuestras muñecas donde se pueda detectar el nivel de placer que obtenemos torturándonos. Veríamos y seríamos, asimismo, conscientes de la falta de estima que eximen miles de seres humanos.

Una vez que tenemos claro que somos seres masoquistas, prosigamos.

El ser humano es débil. Podemos coger un simple resfriado en pleno verano porque simplemente nos hemos desabrigado un poco. Somos vulnerables a muchas enfermedades que rondan en el ambiente. Tenemos una salud frágil.

Ese es el caso innevitable que refleja nuestro organismo. Nos enfermamos, lo queramos o no.

Pero, en nuestra gran sociedad, existen personas que se enferman por su propio interés. Son enfermedades psicológicas que desembocan en un gran sufrimiento para nuestra anatomía. El problema empieza desde el interior de la mazmorra de la mente y es capaz de comer y comer y comer de nuestra propia consciencia. Desintegra la personalidad, posee a la inteligencia, enamora a nuestra razón y finalmente se hace con el poder del cuerpo.

Son situaciones conocidas en el mundo real, y en muchos casos, no se ganan el afán de interés. Hablamos de las famosas obsesiones como:

-Anorexia

-Bulímia

-Vigorexia (obsesión por el estado físico)

-Tanorexia (obsesión por tener una piel morena)

-Ortodexia (obsesión por comer sano)

-Manorexia (anorexia masculina)

etc…

Escribo los problemas más comunes, para que todos sepamos de lo que estamos hablando. Es triste, pero, ¿quién no conoce a alguna persona que haya pasado o esté pasando cualquiera de estás enfermedades?

Nadie, absolutamente nadie nos obliga a caer en ellas. He querido crear una especie de paralelismo con el fragmento del inicio. Se trata de una sola persona, que está al borde del abismo. Ve que se trata de algo oscuro, muy profundo, como si fuese una grieta en mitad de un precioso paisaje. Tenemos curiosidad por saber cuánto fondo tiene el agujero. Nos acercamos. Pedimos que nos ayuden a no caer. Pero finalmente, por cualquier mínimo motivo, ya sea una ráfaga de aire o por un resbalón… caemos. Es ahí, en el momento en que descendemos por la oscuridad del mismo, dónde nos damos cuenta, por fin, de la profundidad. Y es ahí, es el momento en que somos conscientes de que la única luz que se ve dentro del abismo es la que se filtra entre la grieta. La única salida es la puerta por la que hemos entrado.

El fondo del agujero, cómo la velocidad que se consiga al caer o la gravedad del golpe que sufriremos depende del límite que se le ponga a la enfermedad.

Quizás no tenga una profundidad abismal pero el golpe puede ser más duro. Eso demuestra que la personalidad es más manipulable.

Parece mentira. Nuestra razón también está en funcionamiento incluso cuando estamos bailando en el filo del cuchillo.

Nos paseamos, saltamos, bailamos, corremos y nos creemos que no nos vamos a cortar. Cuando hay un pequeño despiste… ¡zas! Empieza la hemorragia mental.

VAMOS A LIMITAR LA FALTA DE INTELIGENCIA, POR FAVOR.

Comer sano, realizar ejercicio de forma regular, adelgazar, tomar un poco el Sol… son prácticas saludables, muy buenas para nuestro organismo y que pueden dar frutos favorables también para nuestra mente.

Pero, ¿qué pasa cuando estas prácticas se convierten en una obsesión?. Queremos ser sanos, delgados, atléticos y morenos. Queremos ser esa persona que hay en la revista ‘X’ o que sale en el anuncio ‘Y’. Es decir,¡¿Debemos ser sanos, delgados, atléticos y morenos?!

Empieza pues el retorcido mecanismo del subconsciente. Se le da de comer al depredador, cuando nosotros mismos somos su propia presa. Nuestro ‘yo’ se divide en dos, dando situaciones difíciles de superar. Somos esclavos del prototipo social. Falta de personalidad abismal.

Fijaos hasta que punto llega la estupidez humana, que incluso hay páginas webs de gente que padece estás enfermedades y que explican la ¿felicidad? que expira su maravilloso día a día, ingiriendo SÓLO una comida diaria (y encima se trata de una simple manzana) o paseando entre el váter y su reflejo roto en el espejo. Lo más inquietante, es que hay personas que piden consejo sobre cómo caer al fondo del agujero negro. Esos seres humanos son los que se asoman, y se asoman hasta que finalmente… ¡Pum!. Se resbalan.

Personalmente, afirmaría que SÍ, se trata de una secta. Es un vicio, una droga. Al principio puedes perder un poco de peso, o estar fuerte o morenito… pero cuando se borra la línea de ‘Meta’… se borra el limite de la estupidez. Es en ese momento cuando descendemos por la oscuridad del sufrimiento.

EL MERCADO DE LA CONSCIENCIA

El título del artículo parece que es independiente del texto escrito: ‘Vendo consciencia a 100€/gr’. ¿Tiene algo que ver con estás obsesiones modernas y actuales?

Pues sí. Por dos razones:

1. Creo que la base de todas estás locuras, torturas y estupideces recae en la falta de consciencia. Las personas que caen en estas grietas indefinidas son: o muy, muy, muy pero que muy necias o son ignorantes.

No se trata de informar a la sociedad de que existen éstas enfermedades, porque todos lo sabemos, se trata de fortalecer la personalidad de cada uno, y asimismo, delimitar nuestra línea entre el perfecto paisaje y el abismo.

Los seres que demuestran tener uso de razón deben ayudar a los demás, intentando que se tropiecen con la consciencia y se den cuenta de que deben de bajar del filo del cuchillo. Hay que vender nuestra razón. Aunque se trate de un precio alto, por la relación de oferta-demanda.

2. Estas enfermedades actúan como drogas (he ahí un motivo del título) y resultan como tales para nuestro organismo. Llegan a ser incluso letales, pero… es mejor ver el peligro de perfil ¿verdad?, porque parece más fino.

Hay un refrán que dice que ‘la curiosidad mató al gato’. Parece que esta vez,  está realizando un auténtico masacre con los seres humanos.

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